lunes, 5 de julio de 2010
Tenía un demonio rojo dentro del pecho que hacía fuerza para salir. Era como ese viejo angel solitario que contemplaba la ciudad azul, la vida de los otros y sus luces. Avanzaba con la fuerza de los vientos huracanados con arremolinada locura, devastándolo todo. Él me dijo que la única droga era la libertad.
viernes, 14 de mayo de 2010
Pequeño retrato de Giusseppe
Había un hombre que ya no está en Buenos Aires que solía decir que la vida era "esto". Ésto, se refería a un gesto indecoroso que aludía a las pasiones bajas del ser humano. Se llamaba José, para nosotros el tano Giusseppe. Dejé de verlo por el 2006, y luego, por esas vueltas de la vida, esa piedrita tan gastada que solemos usar todo el tiempo, me enteré que había fallecido.
La última vez que vi a José, lucía una remera manga larga, roja furiosa, con una foto de Guevara en el medio del pecho. Llevaba pantalones cortos y una especie de zapatitos veraniegos frescos. Caminaba por el barrio de Belgrano, con paso cansino pero seguro, como advirtiendo "Ojito, que acá vengo Yo, el gran Giusseppe, aquel que sabe que la vida no es más que setenta años y que es sólo esto".
Lo recuerdo en otra ocasión cuando caminamos juntos por la avenida Monroe hacia Cabildo. Había en un chapón de una obra en construcción unos afiches políticos de la UCR.
-Mirá este hijo de puta....cómo me cagó. Y pensar que lo ayudé- decía Giusseppe, mientras se lamentaba y me causaba gracia.
Hoy extraño a mi viejo grupo. A José, Sofía, Alicia, a la profesora de letras uruguaya que me prestó un libro de Vargas LLosa mientras me advertía que el autor odiaba a los argentinos, a Ignacio, rebosante de talento para las caricaturas, al viejo trompetista esquizo pelado, amante del jazz, a la señorita radióloga superada con capacidad para manejar grupos y cuya vida había era cuasi perfercta, a la doña que se sentaba cerca mío y se encolerizaba inmediatamente comenzaba a hablar. Extraño también a la gran foto de Campelo, los viejos y malos chistes del mozo del bar. A la sensanción de independencia que me daba pedir un café, mientras iba a la barra.
Brindo por Giusseppe, sus remeras, sus pasos, sus ocurrencias, sus lecciones de vida, sus retos, sus convicciones y por el triunfo de la memoria.
La última vez que vi a José, lucía una remera manga larga, roja furiosa, con una foto de Guevara en el medio del pecho. Llevaba pantalones cortos y una especie de zapatitos veraniegos frescos. Caminaba por el barrio de Belgrano, con paso cansino pero seguro, como advirtiendo "Ojito, que acá vengo Yo, el gran Giusseppe, aquel que sabe que la vida no es más que setenta años y que es sólo esto".
Lo recuerdo en otra ocasión cuando caminamos juntos por la avenida Monroe hacia Cabildo. Había en un chapón de una obra en construcción unos afiches políticos de la UCR.
-Mirá este hijo de puta....cómo me cagó. Y pensar que lo ayudé- decía Giusseppe, mientras se lamentaba y me causaba gracia.
Hoy extraño a mi viejo grupo. A José, Sofía, Alicia, a la profesora de letras uruguaya que me prestó un libro de Vargas LLosa mientras me advertía que el autor odiaba a los argentinos, a Ignacio, rebosante de talento para las caricaturas, al viejo trompetista esquizo pelado, amante del jazz, a la señorita radióloga superada con capacidad para manejar grupos y cuya vida había era cuasi perfercta, a la doña que se sentaba cerca mío y se encolerizaba inmediatamente comenzaba a hablar. Extraño también a la gran foto de Campelo, los viejos y malos chistes del mozo del bar. A la sensanción de independencia que me daba pedir un café, mientras iba a la barra.
Brindo por Giusseppe, sus remeras, sus pasos, sus ocurrencias, sus lecciones de vida, sus retos, sus convicciones y por el triunfo de la memoria.
miércoles, 5 de mayo de 2010
Melodía
Vuelvo a sentir algo muy parecido a la felicidad. Estas melodías de Schuman me retrotraen a la época del conservatorio, al paso por sus aulas, al olor de la madera vieja, la música excelsa e infinita que se gesta en las personas, la sensibilidad de algunos profesores que nos transportan a otras esferas del pensamiento.
Hay un rumor detrás de la tristeza, como un atisbo de esperanza que me habla del paisaje. Y éste me cuenta de qué están hechos los instantes, y el tiempo escurridizo, fluído, como el agua y su espejo: el cielo.
En qué habrá pensado Schuman, cómo habrá sido el instante primero en que posó sus dedos sobre el marfil del piano. Cuánta gracia es necesaria para que la vasta mano recorra el teclado blanquinegro.
Esta melodía se repite en otro tiempo, en éste, en las cuerdas pulidas de una cantante que se desgarra pidiendo justicia por los muertos de la Amia.
Es la melodía del genial Shcuman que viene a este tiempo, para decirnos que detrás de la tristeza siempre hay un rumor, como un atisbo de esperanza...
Hay un rumor detrás de la tristeza, como un atisbo de esperanza que me habla del paisaje. Y éste me cuenta de qué están hechos los instantes, y el tiempo escurridizo, fluído, como el agua y su espejo: el cielo.
En qué habrá pensado Schuman, cómo habrá sido el instante primero en que posó sus dedos sobre el marfil del piano. Cuánta gracia es necesaria para que la vasta mano recorra el teclado blanquinegro.
Esta melodía se repite en otro tiempo, en éste, en las cuerdas pulidas de una cantante que se desgarra pidiendo justicia por los muertos de la Amia.
Es la melodía del genial Shcuman que viene a este tiempo, para decirnos que detrás de la tristeza siempre hay un rumor, como un atisbo de esperanza...
miércoles, 28 de abril de 2010
Comparaciones amorosas
Bueno, yo por lo general no me dedico a estas cosas, pero voy a hacer la excpeción. Todo el mundo sabe que mi ámbito es el de la cultura, y el de las artes elevadas. Pero bueno. Pero pero bueno.
No voy a defender el típico pensamiento sexual del hombre el que reza "todo el tiempo la quiero poner". Sí voy a ratificar, la increíble capacidad que tiene, en esa glándula cerebral que ha sido localizada por la ciencia, la envidiable capacidad que tiene la mujer, la mayoría de ellas, para retener estructuras noveladas, culebrones y su hijo primogénito el puterío.
Qué increíbles.
Espero que este atisbo y gran aporte a la cultura, exhorte a María (es decir, la saque desde el horte) para que armemomos algo juntos.
María, carísima amiga, espero que los hados nos sean favorables y te dignes a volver hacia mí tus ojos. Escribamos el futuro, querida y bienhadada. Nada más.
A María Gobbinstein.-
domingo, 11 de abril de 2010
Dylan Thomas/Robert Zimmerman
¿Por qué no existen mujeres como en las canciones de Bob Dylan?
Hay un poema escrito por Benjamín Prado que eleva aún más la figura de Dylan. Hay un documental de Scorsese que eleva aún más la figura que enaltece a Dylan en el poema de Benjamín Prado. Joaquín Sabina mismo admite en un documental intitulado "Las huellas de Dylan" que se sintió como un pelotudo al verlo, y al salir estrepitosamente de la barbería, para estrecharle la mano, o saludarlo. Dijo que su presencia era tan fuerte que atinó a no hacer nada, sólo se detuvo como una piedra frente a este héroe de la canción, con su espumita y su capita de barbero.
Se dice que fue Dylan quien enseñó a los Beatles a escribir algo más que ob la di ob la da en las letras de sus canciones. Se dice que las revoluciones, las luchas, los reclamos sociales, el amor, el odio, los grandes conflictos de la humanidad pasan por las letras y canciones de Dylan. Se dice que es un espejo que cortó el camino de los primeros viajeros.
No se puede decir más de Dylan. Creo que es una de las pocas vidas que merecen ser vividas. Es el aleph donde convergen las historias, donde ángeles y demonios se disputan el segundo triunfal que los catapulte a la eternidad. Por siempre joven Dylan, maestro del cancionero popular, revolucionario e innovador. El más maldito de los poetas, el más bendito de los soplidos de Dios, depositario de la fe y de las musas, Robert Zimmerman sempiterno.
Love minus zero/No limit
Mi amor habla como el silencio
sin ideales ni violencia,
ella no tiene que decir que es fiel
y sin embargo es sincera como hielo,
como fuego;
la gente lleva rosas
y hace promesas en cada momento,
mi amor ríe como las flores,
los Valentines no pueden comprarlo.
En los mercadillos y paradas de autobús
la gente habla de situaciones
lee libros, repite citas
escribe conclusiones en la pared,
algunos hablan del futuro,
mi amor habla tranquila,
ella sabe que no hay éxito como el fracaso
y que el fracaso no es ningún éxito.
La capa y la espada se mecen,
las damas encienden las velas
en las ceremonias de los jinetes,
hasta el peón abriga un rencor;
estatuas hechas de cerillas
se desploman unas contra otras,
mi amor pestañea, no se inmuta,
sabe demasiado para discutir o juzgar.
El puente tiembla a medianoche,
el médico rural divaga,
las sobrinas de los banqueros
buscan la perfección
esperando todos los regalos
que traen los hombres sabios;
el viento aúlla como un martillo,
la noche sopla fría y lluviosa,
mi amor es como un cuervo
con un ala rota en mi ventana.
Hay un poema escrito por Benjamín Prado que eleva aún más la figura de Dylan. Hay un documental de Scorsese que eleva aún más la figura que enaltece a Dylan en el poema de Benjamín Prado. Joaquín Sabina mismo admite en un documental intitulado "Las huellas de Dylan" que se sintió como un pelotudo al verlo, y al salir estrepitosamente de la barbería, para estrecharle la mano, o saludarlo. Dijo que su presencia era tan fuerte que atinó a no hacer nada, sólo se detuvo como una piedra frente a este héroe de la canción, con su espumita y su capita de barbero.
Se dice que fue Dylan quien enseñó a los Beatles a escribir algo más que ob la di ob la da en las letras de sus canciones. Se dice que las revoluciones, las luchas, los reclamos sociales, el amor, el odio, los grandes conflictos de la humanidad pasan por las letras y canciones de Dylan. Se dice que es un espejo que cortó el camino de los primeros viajeros.
No se puede decir más de Dylan. Creo que es una de las pocas vidas que merecen ser vividas. Es el aleph donde convergen las historias, donde ángeles y demonios se disputan el segundo triunfal que los catapulte a la eternidad. Por siempre joven Dylan, maestro del cancionero popular, revolucionario e innovador. El más maldito de los poetas, el más bendito de los soplidos de Dios, depositario de la fe y de las musas, Robert Zimmerman sempiterno.
sábado, 10 de abril de 2010
Engendros
Gualeguaychú es un engendro de Gabo, no tiene nada que envidiar a Macondo. Lo comprobé hoy, cuando salí y las luces se perdían entre la noche y los niños eternos adornaban con su sonrisas el tiempo.
Hay una maratón cosmopolita y alocada. Hay un hombre viejo que sueña con la revolución mientras camina sobre el asfalto gastado del corsódromo, pisoteando sus marcas y spónsors, riéndose socarronamente para sus adentros y carcajea un "tomá capitalismo, mirá cómo te pisoteo, puto".
Hay una melodía de Jimmy Hendrix flotando en el aire, de los valles de Neptuno engendra el polvo cósmico y en el segundo que la melodía hace un rulito, se creó todo. Él lo sabía, desde que el mundo era mundo, lo sabía.
Hay unos niños jugando con una pelota de cueros ajados. Quién será el nuevo pelusa, el nuevo Messias que pueda sortear los agujeros del hambre.
Hay una maratón cosmopolita y alocada. Hay un hombre viejo que sueña con la revolución mientras camina sobre el asfalto gastado del corsódromo, pisoteando sus marcas y spónsors, riéndose socarronamente para sus adentros y carcajea un "tomá capitalismo, mirá cómo te pisoteo, puto".
Hay una melodía de Jimmy Hendrix flotando en el aire, de los valles de Neptuno engendra el polvo cósmico y en el segundo que la melodía hace un rulito, se creó todo. Él lo sabía, desde que el mundo era mundo, lo sabía.
Hay unos niños jugando con una pelota de cueros ajados. Quién será el nuevo pelusa, el nuevo Messias que pueda sortear los agujeros del hambre.
sábado, 20 de febrero de 2010
Si volviera a vivir
Se le adjuidcó a Borges, pero María Kodama lo desmintió.
Si volviera a vivir
Si pudiera vivir,
nuevamente mi vida.
En la próxima trataría
de cometer más errores.
No intentaría ser tan perfecto
me relajaría más.
Sería más tonto de lo que he sido
de hecho tomaría muy pocas cosas con serenidad.
Sería menos higiénico.
Correría más riesgos, contemplaría más amaneceres.
Subiría mas montañas, nadaría mas ríos.
Iría a más lugares donde nunca he ido.
Comería más helados y menos habas.
Tendría más problemas reales y menos imaginarios.
Yo fui de esas personas que vivió
sensata y prolíficamente
cada minuto de su vida.
Claro que tuve momentos de alegría.
Pero si pudiera volver atrás, trataría de tener solamente
buenos momentos.
Por si no lo saben, de eso esta hecha la vida.
“Solo momentos, no te pierdas el ahora.”
Yo era uno de esos que nunca iba a ninguna parte
sin un termómetro, una bolsa de agua caliente,
un paraguas y un paracaídas… Si volviera a vivir
viajaría más liviano.
Si pudiera volver a vivir comenzaría a andar
descalzo al principio de la primavera y
seguiría así hasta concluir el otoño.
Daría mas vueltas en la calesita
contemplaría mas amaneceres y
jugaría con más niños.
Si tuviera otra vez la vida por delante,
pero ya ven, tengo 85 años y sé que me estoy muriendo.
nuevamente mi vida.
En la próxima trataría
de cometer más errores.
No intentaría ser tan perfecto
me relajaría más.
Sería más tonto de lo que he sido
de hecho tomaría muy pocas cosas con serenidad.
Sería menos higiénico.
Correría más riesgos, contemplaría más amaneceres.
Subiría mas montañas, nadaría mas ríos.
Iría a más lugares donde nunca he ido.
Comería más helados y menos habas.
Tendría más problemas reales y menos imaginarios.
Yo fui de esas personas que vivió
sensata y prolíficamente
cada minuto de su vida.
Claro que tuve momentos de alegría.
Pero si pudiera volver atrás, trataría de tener solamente
buenos momentos.
Por si no lo saben, de eso esta hecha la vida.
“Solo momentos, no te pierdas el ahora.”
Yo era uno de esos que nunca iba a ninguna parte
sin un termómetro, una bolsa de agua caliente,
un paraguas y un paracaídas… Si volviera a vivir
viajaría más liviano.
Si pudiera volver a vivir comenzaría a andar
descalzo al principio de la primavera y
seguiría así hasta concluir el otoño.
Daría mas vueltas en la calesita
contemplaría mas amaneceres y
jugaría con más niños.
Si tuviera otra vez la vida por delante,
pero ya ven, tengo 85 años y sé que me estoy muriendo.
Anónimo
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